pedro abelardo
 
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aspectos de su pensamiento
DIOS:
Para Pedro Abelardo, en cambio, se supera el pecado en una concepción de tono naturalístico del hecho moral: el criterio del restablecimiento moral estará entonces restringido solamente al arrepentimiento individual del hombre pecador.

Si aceptamos que el consentimiento al pecado, esto es, la sola instancia de disponibilidad interior „es la culpa del alma por la cual ésta merece la condenación o se hace culpable ante Dios“, y que esta culpa proviene de inclinarse „a consentir en lo que no se debe, haciendo algo o dejándolo de hacer“ [3] , es preciso señalar que en Abelardo ese „deber“ no es otro que el que surge de la Ley de Dios, por lo cual el pecado es un rechazo intencional del mandato divino, y en tal sentido puede verse también allí sólo un relativo subjetivismo, ya que el hombre no es por sí mismo árbitro de lo bueno y de lo malo, sino que se trata de datos objetivos. Por consiguiente, hablaremos en adelante de subjetivismo ético sólo en relación al hecho de que en la perspectiva abelardiana la recomposición del orden moral quebrantado excluye la gracia divina y centraliza la totalidad del comportamiento moral en la interioridad del hombre. En esta perspectiva, también la ejecución queda fuera de contexto, porque en definitiva tendrá un carácter neutro no sólo en el tratamiento de la culpa, sino además en la relativa o casi nula importancia en su referencia a la Historia de la Salvación, lo que para Agustín representa el centro del problema.
HOMBRE:
Su ética, no es ciertamente menos original que su lógica, pero sí menos estudiada. Para Abelardo, que en esto como en otros muchos puntos de su filosofía práctica parece seguir a los estoicos, constituye la coronación de todo el saber humano. Así lo dice en el Diálogo entre un filósofo, un judío y un cristiano, después de haber caracterizado a la filosofía en general como búsqueda racional de la verdad. El objeto de la ética, especifica allí mismo, es el estudio del bien supremo y de su contrario, e igualmente de todo cuanto lleva al hombre a la felicidad o a la desdicha
 
NATURALEZA:
Sabido es que el Hiponense desarrolló sus ideas acerca de la naturaleza del bien y del mal polemizando con sus ex correligionarios, los maniqueos (22). Así, por ejemplo, en la obra precisamente titulada Sobre la naturaleza del bien contra los maniqueos (De natura boni contra manichaeos), partiendo del supuesto metafísico de que todo ser, en cuanto ser, es bueno, trata de demostrar que el mal, en cuanto disminución o carencia de bien, es también disminución o carencia de ser:

Ninguna naturaleza, pues, en cuanto naturaleza (esto es, en cuanto ser) es mala, sino que lo es en cuanto disminuye en ella el bien. Por lo cual, si el bien, disminuyendo, desapareciera por completo, así como no quedaría bien alguno, tampoco quedaría naturaleza alguna (esto es, ser alguno).

(Non ergo mala est, in quantum natura est, ulla natura; sed cuique naturae non est malum ni si minui bono. Quod si minuendo absumeretur, sicut nullum bonum, ita nulla natura relinqueretur) (23).

Y más adelante, refiriéndose ya concretamente al pecado, dice que éste no consiste en desear las naturalezas malas (los seres malos) sino en renunciar a las mejores (peccatum vel iniquitas non est appetitio naturarum malarum sed desertio meliorum) (24). Después de San Agustín, escribe también el Pseudo Dionisio, aunque sin referencia polémica
CONOCIMIENTO
Abelardo se preocupa por llegar al conocimiento de la verdad. Para esto enuncia el siguiente principio: “La investigación se emprende con el estímulo de la duda, y por medio de la investigación se llega al conocimiento de la verdad”. Esta fórmula general esclarece el carácter problemático del pensamiento, tanto filosófico como teológico. La duda para Pedro Abelardo no es más que el punto de partida: no es obstaculizada sino un camino hacia la investigación. Pero se trata de una duda metódica, mediante la cual hay que someter el texto examinado de un filósofo, de un padre de la Iglesia o de la escritura a un control crítico o permanente.
Escríbeme
pensamiento:
Abelardo perteneció a la escuela de Anselmo de Canterbury, pero no le siguió ciegamente, siendo más crítico que apologista de cualquier sistema. Le debe mucho a Agustín, Jerónimo y a otros antiguos escritores eclesiásticos, como Agobardo, Claudio de Turín, Erígena y Fredegis. Su originalidad se aprecia en su doctrina de la Trinidad y de la expiación y como filósofo en su enseñanza sobre los principia y la cuestión de los universalia. Esta última no es suficientemente clara; pero parece que no era nominalista, ni realista ni conceptualista. Guillermo de Champeaux, realista extremo, declaró que los universalia son la esencia misma de toda existencia y la individualidad solo el producto de circunstancias incidentales. A esto Abelardo objetó que tal proposición guiaba al panteísmo, llevando su crítica hasta el punto de que Guillermo tuvo que modificar su sistema. También rechazó el nominalismo, según el cual los universalia son meros nombres, declarando que nuestras concepciones deben corresponder a cosas que las ocasionan. Esta idea no es conceptualismo hasta donde no subraya en forma parcial la afirmación de que las ideas generales con meros conceptus mentis, meras ideas subjetivas.